Los distintos estados de ánimo pueden favorecer la enfermedad o bien ayudar a curarse.
Hasta dónde puede llegar el control de la mente sobre el cuerpo? Es una polémica que no termina y que discurre entre lo evidente y lo increíble. Cada día se sabe más acerca de cuáles son las actitudes o los hábitos mentales que ayudan a prevenir las enfermedades o a curarlas. Incluso existe una nueva especialización científica, la psiconeuroinmunología, que investiga los vínculos entre la psique y los sistemas nervioso e inmunitario en relación con la aparición de las enfermedades. Esta ciencia demuestra que podemos hacer algunas cosas para que la mente participe en el cuidado cotidiano de la salud.
Los sentimientos actúan a través del cerebro
La relación entre emociones y salud está demostrada científicamente, aunque este conocimiento aún no se ha trasladado a las consultas de los médicos convencionales. Los expertos en psiconeuroinmunología han comprobado que las emociones influyen sobre el funcionamiento de la hipófisis, la glándula que regula la producción de hormonas. Han observado, por ejemplo, que las emociones negativas aumentan los niveles en la sangre de las hormonas del estrés que deprimen el sistema inmunitario.
Se sabe incluso que cada sentimiento –tristeza, alegría, enfado o temor– provoca una respuesta química característica en el cerebro. Antonio Damasio, de la Universidad de Iowa (Estados Unidos), ha demostrado a través de escáneres que la tristeza estimula la ínsula y el tronco cerebrales y desactiva el cíngulo posterior, mientras que la felicidad activa el cíngulo posterior y una zona diferente de la ínsula. A través del cerebro las emociones desencandenan una serie de reacciones en el cuerpo y con ello favorecen el desarrollo de determinadas enfermedades.