| |
El Desarrollo del Movimiento durante la infancia presenta hoy uno de los fenómenos más interesantes y al mismo tiempo menos conocidos. Hace que educadores y padres del mundo estén prestando más y más atención e interés en el asunto, adquiriendo conocimientos sobre la peculiaridad de los procesos intelectuales y emocionales - tales como la percepción, la atención, la memoria y el pensamiento - del comportamiento infantil.
El movimiento es el único estado natural del niño. El niño es curioso y activo y constantemente en movimiento. Nosotros, adultos en el sistema educativo de hoy, vemos como nuestro deber, calmar al niño y tratar de congelarlo para que no moleste el orden de nuestra vida cotidiana. No solo queremos que no se mueva, sino que nos escuche y nos mire; en otras palabras: esperamos de él - y lo recompensamos cuando la tiene - una conducta calma y un aprendizaje sin movimiento. Mientras tanto, el movimiento especialmente para el niño, forma parte de su “Ser”. Tenemos aproximadamente 650 músculos que tendrían que moverse para asegurar la vida y la actividad cerebral. El movimiento es la fuente de la alegría y del aprendizaje; nos ayuda a comprender y anclar cada nueva experiencia.
¿Tenemos la suficiente sabiduría para aprender de la misma naturaleza y del ejemplo de niños en crecimiento para hacer algo útil con ese potencial de movimiento?
Desdichadamente, muy pocas veces ha sido el caso, porque hemos crecido en un mundo de conocimiento intelectual y creencias, desestimando el movimiento. El estilo de nuestros modelos y educación limita el movimiento del niño, y como resultado, produce la inhibición de lo más sagrado de él: su evolución.
Quizás nos explica por qué sufren los niños con un aprendizaje y una enseñanza tan abstractos; cada año se ve cómo se reduce más y más el nivel de los resultados académicos. La falta de integración entre lo intelectual y el desarrollo del movimiento es el problema básico para el niño contemporáneo. |
|